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Las monedas de Latinoamérica han tenido un 2026 interesante, en el que los factores locales han marcado tendencias específicas en sus tasas de cambio y, en algunos países, han generado un desacople frente al comportamiento del dólar global. En esta columna se analizan cuatro casos: el real brasileño, el peso colombiano, el peso chileno y el peso mexicano, con el fin de construir una radiografía de los principales drivers detrás del comportamiento de cada una de estas divisas.

El dólar global

El gráfico 1 muestra el comportamiento del dólar global, medido por el índice DXY, que en lo corrido del año acumula un aumento de 2,6%, lo que implica un fortalecimiento de la divisa estadounidense. Sin embargo, lo interesante es que este fortalecimiento no ha sido una tendencia continua, sino que se produjo principalmente tras el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, a finales de febrero, cuando el índice aumentó 3,23%. Durante ese mismo período, el oro perdió su condición de activo refugio dominante, rompió el umbral de los US$5.000 por onza y cayó 35%, hasta ubicarse en US$4.061.

 

Gráfico 1. Elaboración propia. Datos Investing

Esto permite identificar una conexión interesante. En este conflicto en particular, el dólar volvió a consolidarse como el principal activo refugio para los mercados, especialmente frente a monedas asiáticas como el won surcoreano, el yen japonés y la rupia india. Detrás de este movimiento estuvo el fuerte aumento de los precios del petróleo, que llegaron a crecer 68%, superaron los US$100 por barril y presionaron la inflación en Estados Unidos desde 2,4% en febrero hasta 4,2% en mayo. Como consecuencia, el mercado pasó de anticipar recortes de tasas a asignar una probabilidad de 32% a un aumento de la tasa de la Reserva Federal en la reunión del 29 de julio.

Un escenario de tasas de interés más altas aumenta el atractivo relativo de activos que se benefician de mayores rendimientos, como los bonos del Tesoro y el propio dólar, mientras reduce el atractivo de activos que no generan rendimiento, como el oro.

El desacople de Latinoamérica

Si bien las monedas latinoamericanas han mostrado, en términos generales, un desacople frente al comportamiento del dólar global, ello no significa que algunos países no hayan estado expuestos a factores externos, como se verá a continuación.

Gráfico 2. Elaboración propia. Datos Investing

El peso colombiano (COP) ha sido la divisa con mayor apreciación entre enero y julio, con un avance de 13,55%, como puede observarse en el gráfico 2, y es una de las monedas que más se ha distanciado del fortalecimiento del dólar durante el conflicto en Medio Oriente.

No obstante, uno de los factores externos que sí contribuyó a esta revaluación fue la condición de Colombia como exportador de petróleo. Durante marzo, con el estrecho de Ormuz cerrado y el barril por encima de US$100, el país recibió mayores ingresos por exportaciones, lo que incrementó la oferta de divisas. Sin embargo, este no fue el factor determinante. Como muestra la serie del gráfico, la mayor recuperación del peso se produjo entre mayo y julio, cuando acumuló una apreciación cercana al 14%, impulsada principalmente por dos factores internos: la expectativa electoral de un cambio de gobierno hacia una administración percibida como más favorable para los mercados financieros y los fuertes aumentos de la tasa de interés por parte del Banco de la República, que la llevaron hasta 12%.

Por su parte, el real brasileño (BRL) acumula una apreciación de 6,44% en el año. Comparte con Colombia la predominancia de factores internos sobre los geopolíticos, en especial una carrera presidencial altamente polarizada entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en un contexto de creciente preocupación por la situación fiscal del gobierno, cuyo déficit alcanzó 8,4%.

A ello se suma la tasa de política monetaria más alta entre los cuatro países analizados. Después de mantenerse en 15% desde junio de 2025 hasta enero de 2026, el Banco Central de Brasil inició un ciclo de recortes que la ha llevado a 14,25%. La combinación entre incertidumbre política y política monetaria restrictiva ha generado una mayor volatilidad del real y una tendencia más lateral durante los últimos meses, como se observa en el gráfico 2, donde incluso parte de la apreciación registrada a comienzos del año se ha corregido.

El peso mexicano (MXN), por su parte, ha mostrado el comportamiento más estable entre las cuatro monedas analizadas durante 2026. Esto ocurre después de un período de elevada volatilidad entre 2024 y 2025, cuando se devaluó cerca de 24% entre mayo de 2024 y abril de 2025, para luego recuperar alrededor de 17% hasta comienzos de este año.

Dos factores explican esta estabilidad. El primero es el carry trade, que, aunque ha perdido atractivo frente al nivel de 9,5% con el que comenzó 2025, sigue ofreciendo un diferencial de tasas favorable, ya que la tasa de referencia de México se ubica en 6,50%, frente a un rango de entre 3,50% y 3,75% para la Reserva Federal. El segundo es la resiliencia del sector externo. A pesar de la desaceleración económica, México continúa beneficiándose de las exportaciones manufactureras hacia Estados Unidos, los elevados flujos de remesas y la inversión extranjera asociada al nearshoring. Estos factores mantienen una oferta abundante de dólares dentro de la economía mexicana.

El peso chileno (CLP) es la única de las cuatro monedas que registra una depreciación en lo corrido del año. Su comportamiento ha estado estrechamente ligado al precio del cobre, que alcanzó máximos históricos cercanos a US$6,38 por libra. Este ha sido el principal factor que ha permitido compensar parcialmente el fortalecimiento del dólar global. No obstante, Chile también ha enfrentado el impacto de los mayores precios del petróleo sobre la inflación, así como un entorno de desaceleración económica que ha limitado una apreciación más significativa de su moneda.

Gráfico 3. Elaboración propia. Datos Investing

El dólar global sí reacciona a los shocks geopolíticos asociados a Irán, pero recientemente lo ha hecho de manera coyuntural y no estructural. En Latinoamérica el patrón resulta aún más claro. De los cuatro países analizados, Colombia es el único donde un factor político interno —el proceso electoral— terminó superando por completo el efecto del petróleo y del conflicto con Irán. Brasil y México muestran que el conflicto ha actuado más como ruido de fondo frente a sus propias agendas políticas y económicas, mientras que Chile continúa dependiendo principalmente de una variable completamente distinta: el precio del cobre, aunque el máximo alcanzado por este metal coincidió temporalmente con la escalada del conflicto en el estrecho de Ormuz.

En conjunto, como se observa en el mapa de drivers, el conflicto impulsa el precio del petróleo y fortalece puntualmente al dólar como activo refugio. Sin embargo, en las monedas latinoamericanas han pesado mucho más los fundamentos económicos y la política interna de cada país.

 

Informe elaborado por Gandini Análisis para SupraBrokers solo como contenido y en ningún caso se considera una recomendación de inversión.

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